Dilema


Al reponer mis existencias de café, suelo dudar entre repetir uno que me haya gustado o probar otro diferente. Para tomar la decisión, sigo este cuestionario mental de elaboración propia.


Si la respuesta es sí y aún está disponible, puede que lo adquiera de nuevo.


Con el paso de los días, el sabor del café evoluciona. Después del tueste, los granos inician una lenta desgasificación y tardan como una semana en estar en su mejor momento. A partir de ahí, algunos compuestos volátiles se pierden y varían un tanto las notas de cata.

Aunque el sabor de la bebida mute, podría llevármelo a casa de nuevo si continúa pareciéndome interesante.


Es un argumento de peso para adquirirlo las veces que me apetezca el que pueda tomarlo una y otra vez. Por el contrario, descarto la comprar si he cedido con rapidez al impulso de cambiarlo por los otros perfiles de sabor que tenga por casa.


Puede darse la posibilidad de que haya dos cafés en carta con notas de sabor parecidas. El precio podría decantar la balanza hacia uno u otro.


Tarde o temprano, el café en verde se termina. Y más aún los nanolotes. Por tanto, si el café que sopeso comprar de nuevo pertenece a esta categoría es fácil que pierda la ocasión de repetir. Aunque es un factor importante, procuro evitar que el principio de escasez condicione mis compras.


Es habitual que algún otro origen me pique la curiosidad y que encaje con los métodos de filtrado que tenga en casa. Este factor decanta mis elecciones, no siempre de manera satisfactoria.


Una vez completado el cuestionario, cruzo los dedos.



/gemlog/